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15:50h. Domingo, 16 de Diciembre de 2018

EL ROL DEL GUARDA

"Pasando al fondo que hay lugar" (por Mauricio Silvera)

A continuación, voy a transcribir una columna que escribí para el informe Nº13 del mes de abril del año 2015. No solo no ha perdido vigencia, sino que es de total actualidad, dados los cambios que se están anunciando para el Sistema de Transporte de Montevideo.

Prácticamente desde los comienzos de los servicios de transporte público, las empresas contaban con un funcionario para auxiliar al conductor. En el caso de los tranvías ingleses, eran elegantes señores de guante blanco que ayudaban en el ascenso y descenso y cobraban los boletos. Incluso se daba una relación muy cercana con el pasaje (en esa época no había paradas, los tranvías se detenían donde se lo solicitara y más de una vez el guarda bajaba e iba a tocar timbre en la casa de algún “dormilón” para que se apurara y subiera).

El crecimiento de la ciudad y la masificación del transporte público, de a poco fue poniendo distancias y los guardas se convirtieron (como hasta la fecha) en los receptores de las quejas de los usuarios y usuarias.

Los tiempos empezaron a cambiar y, frente a las primeras crisis económicas, empezaron a verse los primeros coches sin guarda. La empresa COME fue pionera en este sentido, justificando el ahorro que esto significaba para su comprometida economía. Las demás empresas se mantuvieron al margen de esta iniciativa, hasta que mediada la década de los 90 del siglo pasado, empezó a no ser suficiente el subsidio que la Intendencia les daba a las empresas y éstas solicitaron poder bajar sus costos en recursos humanos.

De esta manera se empezaron a ver (acuerdos con los sindicatos mediante) cada vez más coches con conductor-cobrador. La aparición del STM y la tarjeta inteligente facilitaron aún más este proceso, de tal manera que hoy hasta nos acostumbramos a pedirle el boleto al conductor y muchas veces ni vemos al guarda o a la guarda, porque también estos tiempos permitieron que las mujeres despeñaran dicha función, en la mayoría de los casos con gran simpatía.

Hoy la mayoría de las voces hablan de seguir con el proceso de la eliminación de la figura del guarda y hasta de cobrar el boleto en el ómnibus. Más allá de los beneficios que esgrimen para tal argumento, quisiera dar mi opinión al respecto.

Con el aumento del parque automotor y con la muy poca preparación con la que muchos conductores circulan (sobre todo en moto o bicicleta), circular por la ciudad se ha convertido en un arte y hacerlo durante varias horas una gran fuente de estrés. Estudios han comprobado que el nivel de desgaste mental de un conductor que debe manejar, cobrar boletos, controlar que hayan bajado los pasajeros para cerrar las puertas, ocuparse de alguna eventualidad que ocurra y prestar atención al timbre (sumado esto a la radio y lamentablemente también al celular) es altísimo y sus reflejos y atención se resienten fuertemente. Esa es una de las mayores causas de los accidentes de ómnibus en la actualidad.

Además ante tal nivel de estrés, es más que razonable el mal humor y a veces las respuestas intempestivas que recibimos los pasajeros y pasajeras. También he visto que ante cualquier inconveniente demoran en salir de su puesto porque tienen que guardarse todo el dinero para evitar que un descuidista los robe.

¿Qué propongo? Más guardas, muchos más guardas, pero en un rol más adecuado a las necesidades actuales:

  • Mientras no se universaliza la recarga de la tarjeta STM o se prohíbe pagar con efectivo dentro del ómnibus, cobrar el boleto. Pero no solo hacerlo sino también ordenar a las personas dentro del ómnibus en función de su destino, para que sea ágil el descenso por la puerta trasera cuando es posible.
  • Brindar información sobre todas las líneas de todas las empresas, tener disponible los horarios en tiempo real (en tablets conectadas a la página de la Intendencia o a aplicaciones similares). Sería deseable que tengan nociones básicas de inglés y portugués, para atender mejor a los cada vez más numerosos turistas que nos visitan.
  • Cuidar que los pasajeros respeten las normas de convivencia y reaccionar decididamente ante excesos que se puedan dar. Y que también dé el ejemplo  en ese sentido.
  • Tener nociones de primeros auxilios y de RCP (Reanimación Cardiopulmonar) por si ocurre algún incidente.
  • Ayudar siempre en el ascenso y descenso de personas con dificultades para hacerlo por su edad o condición.
  • Recibir los comentarios o sugerencias de los pasajeros y pasajeras e informarles en dónde canalizarlas formalmente.

En suma, quiero guardas que no estén “atornillados” a su asiento (tampoco que estén todo el tiempo de pie). Que recorran el ómnibus buscando la mejor experiencia de viaje para todos y todas. Que sean la real cara visible de lo que las empresas quieren brindar como servicio.

Se me puede objetar que es un costo prohibitivo… pero ¿acaso no sería más atractivo para la gente viajar con un servicio parecido al de una empresa de turismo internacional? ¿No aumentarían los viajes? Solo eso pagaría la inversión, que serviría para cumplir cabalmente con lo que un Servicio Público debe hacer.

Me bajo en la que viene, nos vemos en el siguiente viaje.